Testamento vital: remedio contra los conflictos médicos ante la muerte

Las personas que eligen dotarse de testamento vital aumentan cada año aunque su adopción sigue siendo un recurso legal utilizado de forma minoritaria en nuestro país.

El número de personas que han redactado su testamento vital no para de crecer cada año. Si en enero de 2013 eran 145.775, en el mismo mes de 2014 eran 161.328 y en el de 2015, 180.327; para enero de 2016 se alcanzó la cifra de 198.751 personas, según datos del Registro Nacional de Instrucciones Previas del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad.

En el primer semestre de este año la cifra ya alcanza las 186.396 personas, siendo 24.402 de ellas extranjeras, por lo que la cifra final que se registre el próximo mes de enero de 2017 podría ser aún mayor.

El testamento vital también recibe el nombre de “declaración de voluntades previas” o “instrucciones previas”. Es un documento que expresa las instrucciones que cada persona quiere recibir con respecto a la asistencia sanitaria ante una situación médica en la que se encuentre incapacitada y no pueda comunicar su voluntad o, una vez fallecida, sobre el destino de su propio cuerpo u órganos.

En España este documento legal no es muy conocido y además causa cierto rechazo moral al identificarlo con la eutanasia. Más bien está relacionado con la muerte digna u ortotanasia, cuya diferencia fundamental con la eutanasia es que en ningún momento busca adelantar deliberadamente la muerte del paciente.

En este sentido, con esta declaración de voluntades el paciente puede pedir que se le retiren o no se le apliquen medidas de soporte vital que prolonguen innecesariamente su vida; que se le controlen los síntomas que le produzcan dolor o sufrimiento inútil o que no se le administre un tratamiento ineficaz para la prolongación artificial de la vida.

Legalmente, el testamento vital, está regulado por la Ley 41/2002 de autonomía del paciente (Art. 11). Dotarse de este documento es un proceso sencillo, rápido y eficaz y tiene la ventaja de que puede ahorrar al futuro paciente conflictos legales y de intereses con la familia y con los médicos en situaciones de incapacidad y de muerte inevitable.

Todas las personas mayores de edad tienen derecho al testamento vital, así como los menores que estén emancipados y aquellos incapacitados jurídicos cuya sentencia no se lo impida.

Así, la voluntad del paciente sólo está limitada por el propio ordenamiento jurídico, por los supuestos de hecho relacionados con lo manifestado por el interesado en sus instrucciones previas y por la lex artis. Ésta última alude al “criterio valorativo de la corrección del concreto acto médico ejecutado por el profesional de la medicina”, según la STS 4237/2007 de 16 de abril.

Una vez realizadas, las instrucciones previas quedan registradas en el registro correspondiente de la Comunidad Autónoma y en el registro nacional dependiente del Ministerio de Sanidad.

Y en cuanto al procedimiento, puede hacerse presentando tres testigos (dos de ellos no han de ser parientes de segundo grado ni tener relación patrimonial con el interesado), ante notario (sin testigos) o ante el personal de los registros.

Que las instrucciones previas sean un recurso legal cada vez más utilizado por los ciudadanos no sólo contribuirá a reducir los conflictos médicos en esas situaciones tan críticas sino que favorecerá la valorización de los cuidados paliativos y el desarrollo y la desmitificación de la muerte digna.

Si tiene alguna duda legal sobre el legado o conservación de su patrimonio por favor no dude en contactar con nosotros y le asesoraremos en clerk@delcantochambers.com

Redacción de Del Canto Chambers

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