Schengen después del Brexit

Schengen después del Brexit

La crisis de los refugiados y la expansión del nacionalismo en Europa han cuestionado las normas de visados de terceros países en el espacio Schengen pero la prueba será el Brexit, que redefinirá el status de los expatriados.

La libre circulación de personas, bienes y servicios es uno de los pilares del proyecto político de la Unión Europea. El espacio Schengen es su materialización y se ha puesto en duda después de sucesos como el de la crisis de los refugiados y, especialmente desde un punto de vista político, el del Brexit.¿Nos estamos encaminando realmente al fin del espacio Schengen en la Unión Europea?

Cuando se trata de la crisis de los refugiados es facil de recordar el muro que Hungría construyó a lo largo de su frontera para evitar que entrasen en el país. Sin embargo, desde 2011, algunos países comunitarios implementaron algunos cambios que han modificado el espacio Schengen: Dinamarca estableció controles fronterizos en su frontera con Suecia y Alemania al igual que Francia con su frontera con Italia.

La idea de limitar el Área de Schengen (o incluso abolirla) tiene su origen a principios de los años 2000 cuando se estaba negociando la fallida Constitución Europea. Más de diez años después este pensamiento se ha extendido por los países de la UE (sobre todo en los países de Europa Oriental como Polonia o Hungría) impulsado por el miedo a la inmigración y al terrorismo.

Eliminar el espacio Schengen implicaría reintroducir permanentemente controles fronterizos en los países de la UE. La idea clave es renacionalizar esos controles, un concepto relacionado con los discursos sobre nacionalismo, bienestar e identidad en toda Europa.

Las normas comunitarias permiten introducir controles fronterizos en el espacio Schengen temporalmente (de sólo 8 meses de duración). Otras medidas restringen la libre circulación de personas limitando los permisos de residencia sólo a aquellos que tengan recursos suficientes (o que provean servicios) para cubrir su estancia en virtud de la Directiva 2001/38.

En el caso de que se terminase con el espacio Schengen, los más afectados serían, obviamente, los ciudadanos de terceros países que vivan (o intenten entrar) en la Unión Europea. El régimen de visados de la UE está regulado por el Reglamento CE 810/2009.

Hay terceros países con una especial relación que no son miembros de la UE pero sí del Área Schengen como Noruega. Otros países, miembros de la Unión Nórdica de Pasaportes (desde 2001) pero no de la UE como Islandia, Suiza o Liechtenstein, disfrutan también de las prerrogativas de Schengen (desde 2008). Éstas incluyen la permanencia en el territorio de la UE hasta 90 días con un visado de corta duración no obligatorio.

Pero hay también ciudadanos de terceros países viviendo en un país Schengen. Sus ciudadanos necesitarían un permiso de residencia pero no un visado de larga duración. Aquellos ciudadanos no residentes de terceros países necesitan tanto visados de corta y larga duración además de permisos de residencia.

Ha habido varias propuestas para modificar este status legal de los visados estableciendo un nuevo tipo de visado, llamado el visado itinerante, que consiste en permitir a su portador permanecer en el territorio de uno o dos Estados miembros durante más de 90 días con la validez de un año, prorrogable por un máximo de dos años. Esta propuesta se enmarca dentro de un programa comunitario llamado “Fronteras Inteligentes“.

Pero la amenaza más importante para la estructura de Schengen ha sido el Brexit. El abandono del Reino Unido de la UE implicará, desde un punto de vista de la legislación sobre visados, que cientos de ciudadanos británicos que vivan en países de la UE tengan que redefinir su status legal (estudiantes, trabajadores extranjeros, pensionistas) en sus países de residencia. Pero también para los ciudadanos europeos que intenten entrar o vivir en el Reino Unido después de que las negociaciones sobre el Brexit se completen. Esto es una prueba de fuego para el espacio Schengen que determinará su futura resistencia.

El Brexit podría ser la puntilla para el sistema de Schengen, que está basado en las normas de Dublín y en leyes internacionales como la  Convención de Ginebra y el Estatuto de los Refugiados, y está dividido en tres casos: no residentes, solicitantes de asilo y personas indocumentadas.

Los británicos que vivan en los países comunitarios y/o Schengen se verán afectados por esto con independencia de cómo discurran las negociaciones entre Londres y Bruselas. No se sabe cuántas de las condiciones actuales de los visados de los expatriados británicos permanecerán como están, incluso para los ciudadanos de los Territorios Británicos de ultramar.

Llegó a circular incluso una idea por la que podría establecerse un sistema como el de la Green Card norteamericano para esos expatriados. Pero por ahora las únicas opciones para ellos son que el Reino Unido negocie con los países de la UE tanto de forma multilateral o bilateral como país por país.

Lo que sí puede decirse es que negociar y alcanzar consensos es el enfoque más eficiente que el Reino  Unido y la UE tienen que tener en cuenta para asegurar a los Brexpatriados sus derechos de visados y no dañar más todavía el hoy por hoy cuestionado espacio Schengen.

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Redacción de Del Canto Chambers

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