Hablemos de corresponsabilidad y de perspectiva de género en la Abogacía

lawyer gender feminism - Del Canto Chambers

Hablemos de corresponsabilidad y de perspectiva de género en la Abogacía

Ayer tuvo lugar el evento Mujeres y Abogacía: conciliación en el siglo XXI organizado en Madrid por la Fundación Hay Derecho. Como abogada, y muy a mi pesar, me fuí con la sensación que el desarrollo de las intervenciones poco tuvo que ver con la mujer. Ni con la mujer abogada. Ni con la división sexual del trabajo. Ni con la carga casi exclusiva que supone para la mujer la maternidad. Lo siento, es así, por mucho que saquemos pecho por los avances logrados hasta la fecha y por mucho que comparemos con la situación de nuestras madres (porque a ellas sí que les costaba conciliar).

El uso del masculino genérico abogado durante toda la presentación y el debate, nos invisibiliza a las abogadas. Obviamente esto obedece a la inercia lingüística de seguir usando el término masculino ‘abogados’ para incluirnos a las abogadas. Como sabemos, el lenguaje es una construcción humana que refleja valores dominantes, es un constructo social y una cuestión de hábito que responde a las necesidades de comunicación de una sociedad, un tiempo y un lugar determinado. Y las necesidades de las mujeres se invisibilizan si no se nombran. Entiendo que haya colegas abogadas que se aferran a nombrarse a sí mismas como abogados. Para mi y para nuestro despacho no es una cuestión de economía del lenguaje, ni de tratar de evitar neologismos, la palabra abogada está reconocida por la RAE y así la usamos; conscientes del significado que ello tiene.

Del mismo modo discriminatorio he de usar el término conciliación. Como bien apuntó la ponente Catalina Sánchez de EJASO Abogados, la terminología correcta es corresponsabilidad. Las mujeres siempre hemos conciliado, incluso antes de entrar activamente en el mercado laboral (me refiero a tener un salario o una remuneración, puesto que siempre hemos trabajado). Si usamos el término corresponsabilidad, señalamos a los hombres como parte responsable de las tareas de cuidados y domésticas y huimos de los estereotipos que vuelven a cargar sobre los hombros de las mujeres las difícilmente compatibles dobles jornadas.

Durante el evento se habló de diversos temas interesantes y necesarios para modernizar el ejercicio de la abogacía: de las consecuencias laborales de no disponer de un Convenio Colectivo propio; de las dificultades de los abogados para compaginar la vida personal y profesional; de que, indiscutiblemente, no se trata de trabajar menos sino de trabajar mejor; de los beneficios que comporta a los despachos que su personal se sienta realizado y cómodo en su puesto de trabajo; de las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías para conseguir esta ansiada conciliación y poder dedicarse a tareas que nos satisfagan personalmente. Y está muy bien. Por supuesto, deberíamos, todos y todas, reivindicar que las jornadas laborales de abogados y abogadas no se conviertan en eternas y sin fines de semana.

Pero se obviaron los derechos de tantas mujeres que han tenido que renunciar a una promoción profesional porque no tienen con quién dejar a sus hijos e hijas. En nuestra generación. Se olvidaron de todas las mujeres que tienen que solicitar jornadas a tiempo parcial para poder conciliar (con la afectación en el salario que ello comporta y la independencia económica que supone). A día de hoy. Se arrinconaron las consecuencias de la división sexual del trabajo: la brecha salarial, la menor cuota de empleo de las mujeres, nuestras tasas de paro más elevadas, la prácticamente inexistente presencia de socias en la mayoría de los despachos. En la actualidad.

La abogacía debe ser inclusiva y defender los derechos de las abogadas. La abogacía necesita urgentemente formación con perspectiva de género al igual que la Judicatura y la Fiscalía (y toda la población). Una formación que explique los datos de desigualdad de género, que replantee los privilegios y sus causas, que defienda los intereses de todas las personas que ejercen la profesión. Que sea justa con la historia y con los logros alcanzados gracias a las reivindicaciones feministas. La Abogacía ha de defender los Derechos Humanos y la Igualdad de Género es un Derecho Humano, y elemento fundamental de una Ilustración pendiente en nuestra profesión.

Desde ya, nos ofrecemos para traer esta perspectiva a cualquier debate. Por una sociedad más justa, por una abogacía igualitaria.

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